Crónica / El Drogas, Pamplona (Civivox San Jorge, 22/01/2016)

 

Crónoca y fotos por Javier Escorzo.

 

El concierto del pasado viernes empezó hace diez años. No es una errata, no. El concierto del pasado viernes empezó hace diez años, cuando la madre de El Drogas le recomendó un libro que le había conmovido. Se trataba de “La voz dormida”, de Dulce Chacón. A Enrique le desgarró su emotividad y, lo que es más importante, le animó a seguir leyendo obras sobre la Guerra Civil, un tema por el que no se había interesado hasta esa fecha. Más de cien libros después llegó “La tierra está sorda”, el último disco de Barricada con Enrique en el grupo. Un trabajo en el que todas las canciones trataban el tema de la guerra del 36 y la posterior dictadura. Ahora, siete años más tarde, El Drogas y su banda se embarcan en una nueva aventura en la que recuperan esas composiciones. El resultado es un espectáculo músico-didáctico en el que las canciones son tan importantes como las disertaciones que las preceden y explican su temática.

La actuación comienza con El Drogas solo en el escenario. Lleva una maleta llena de libros que va tirando pesadamente sobre las tablas. Cómo cambian los tiempos; en los primeros conciertos de Barricada destrozaba televisores y ahora arroja libros. Dos gestos diferentes, treinta y cinco años de diferencia y, en el fondo, la misma intencionalidad.

Después salen los tres músicos que le acompañan: Txus Maraví en la guitarra, Brigi Duke en la batería y El Flako Txarrena en el bajo. Todos van vestidos como si fuesen campesinos de los años 40 del siglo pasado. La decoración del escenario también recrea esa época, con sillas y vasijas antiguas, y con sacos dispuestos por el suelo a modo de trincheras.

Las canciones se suceden. No llegan a sonar todas las del disco, como sucedía en los conciertos de presentación de “La tierra está sorda”, pero sí lo hacen las más representativas. Y así se van tratando todos los temas: las sacas durante la contienda (‘Llegan los cuervos’), la represión posterior (‘Por la libertad’), el especial escarnio que padecieron las mujeres (‘Matilde Landa’ o ‘Es una carta’), la importancia de la educación y los docentes (‘Los maestros’), las penurias vividas en las cárceles (‘Infierno de piedra’), los fusilamientos (‘Pétalos’), el papel de la Iglesia (‘Sotanas’)… Es importante aclarar que El Drogas no pretende construir una historia aséptica; ni siquiera objetiva. Al enfrentarse a este proyecto marca sus coordenadas, se implica, escoge un bando.

Al final, después de mostrar su visión sobre la memoria histórica, los músicos interpretan tres canciones más, en esta ocasión relacionadas con la desmemoria, con el alzheimer, esa terrible enfermedad que padece la madre de El Drogas y que le inspiró para componer el primero de los tres discos que publicó bajo el título de “Demasiado tonto en la corteza”, hace ya casi tres años. Y como si temiese haber resultado demasiado grave, se disculpa con el público y dice que para temas más livianos están sus otros dos proyectos: los conciertos de presentación del disco, de más de tres horas de duración, y los que realiza bajo el nombre de “El Drogas Rythm & Blues Band”, en los que cuenta con más músicos (teclados y coristas) y acerca sus canciones a sonoridades propias de la música negra. Quien quiera verlo tendrá que darse prisa; después de tres años de gira, ha anunciado que en verano pondrá punto final a todos estos formatos. Pero que nadie se asuste: conociendo al personaje, es seguro que su cabeza ya estará maquinando nuevas propuestas.

 

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