Crónica / Festival Tres Sesenta 2013, Pamplona

Ivan Ferreiro-2

 

Por Javier Escorzo & Lucía Astráin. Publicado originalmente en Indistanea.

 

Incluso el tiempo, que no estaba siendo bueno precisamente (inundaciones incluidas), se confabuló para que el “Tres Sesenta 2013” fuese un éxito. Y es que esta segunda edición era importante por varios motivos: en primer lugar para el festival, que se ha consolidado como una de las propuestas musicales más sólidas y con mejor cartel de todo el país, y en segundo lugar para Pamplona, que ha demostrado que quiere, necesita y merece un evento de esta envergadura. Afortunadamente para las miles de personas que se dieron cita en la Ciudadela, todas las expectativas se cumplieron.

Y quizás para demostrar que en Pamplona hay mucha y muy buena música, la primera jornada del festival (jueves 13 de junio) estuvo dedicada a las bandas locales.

El desván de Peter fue el grupo encargado de inaugurar la edición de este año con su pop rock de hechuras clásicas que no entiende de etiquetas. El cuarteto supo ganarse al público con las canciones de su EP “Las prisas sí son buenas”, del que su manager regaló copias entre el público. Hicieron también una acelerada y guitarrera versión del “Abracadabra” de Alaska, la canción que sirvió de sintonía para el mítico programa de “La bola de cristal”.

Tras El desván de Peter le llegó el turno a Radiofunkens. Ellos definen enigmáticamente su sonido como “gnómico” y a nosotros nos parece “óptimo”. Pop de guitarras y sintetizadores, ambientes sobre los que emergen sus composiciones, como la casi instrumental “Cuenca”, con la que cerraron su actuación.

El colofón de la noche lo puso Reina Republicana, que presentó en sociedad su nueva formación con varios músicos nuevos que llevaron las canciones del grupo a un sonido más oscuro y atmosférico, con largos pasajes instrumentales. Es de suponer que por esos derroteros se moverán sus nuevos temas, algunas de los cuales ya sonaron en La Ciudadela, así como varias versiones.

El viernes por la tarde, bajo un sol que caía plomo sobre Pamplona, se reanudó el Festival de la mano del grupo Anai Arrebak, que supo sobreponerse al calor y a la casi inexistente audiencia para ofrecer una actuación en la que no faltó ni un ápice de entusiasmo y profesionalidad.

La siguiente cita, a pesar de lo temprano de la hora (19:05), era una de las más importantes del festival. Ni más ni menos que La habitación roja, uno de los grupos de pop más importantes de nuestro país que presentaba en Pamplona, por fin, su aclamadísimo por público y crítica “Fue eléctrico”. Como es habitual en ellos, el sonido fue excelente: guitarras rocosas y melodías incontestables. Con las limitaciones de tiempo propias de un festival, los valencianos hicieron un somero repaso de su discografía, con temas de su último disco (“Indestructibles”, “El resplandor” o “Ayer”), y otros más antiguos, convertidos ya en auténticos clásicos de su repertorio y, en algunos casos, del pop español (“Voy a hacerte recordar”, “Febrero”, “El eje del mal”, “Van a por nosotros”). Para que todos se hagan una idea del buen momento que vive La habitación roja, estos fueron sus siguientes pasos tras el concierto de Pamplona: el sábado despidieron su gira en la madrileña La Riviera (sala reservada a grupos de amplio poder de convocatoria). Y el lunes, todavía en Madrid, recogieron el premio UFI a la mejor canción del año por “Ayer”. Todo un lujo haber podido disfrutar de ellos en el Tres Sesenta.

El ambiente estaba caldeado le correspondía a Corizonas la responsabilidad de que no decayera. Y vaya si la cumplieron. Este grupo, en realidad un híbrido surgido a partir de dos formaciones diferentes (Arizona Baby y Los Coronas) fue una de las sorpresas del festival. Entiéndase bien; aunque a estas alturas nadie duda de su calidad, tanto en disco como en directo, quizás su público tipo no sea el mismo que el del resto de bandas del Tres Sesenta, que se podrían englobar dentro de lo que se conoce como “música independiente (indie)”. Pero como dijo Paul McCartney, realmente solo hay dos tipos de música: la buena y la mala. Y todos las grupos que desfilaron sobre el escenario de La Ciudadela están dentro de la primera categoría. Corizonas son un grupo que derrocha calidad, autenticidad, actitud y rock’n’roll por los cuatro costados. Su presencia es absolutamente impactante. Hoy en día no es fácil encontrar una banda con semejante estética, y menos en España. Lo mismo se puede decir de su repertorio y de su pericia instrumental. Músicos de una sola pieza que, además de interpretar sus propias canciones, se atrevieron con versiones de grupos tan dispares como Black Sabath y Pink Floyd.

Y del rock más clásico de Corizonas pasamos a la extraña, original y efectiva mezcolanza de estilos que factura Delafé y las flores azules. Como nos dijo Oscar en la entrevista que nos concedió días antes del festival, su directo es una de sus armas más poderosas. Es ahí donde se cimenta gran parte del éxito del que disfrutan. Disfrutan y hacen disfrutar. Resulta inevitable sentirse conquistado ante tan abrumador derroche de fuerza y energía sobre el escenario. Sin olvidar las canciones, claro. Esas composiciones tan personales que beben del pop, el rap, el hip hop y la música de baile sin prejuicio alguno. Oscar y Helena se alternan en las voces (en ocasiones Oscar también se encarga de la batería) en un espectáculo que nadie debería perderse.

Dejando Cataluña atrás, desde el extremo Oeste peninsular los portugueses The Gift ponían la nota internacional a la segunda edición del festival. Una actuación “de menos a más” que comenzaron interpretando “This is the end of the world” de R.E.M. ocultos tras un telón, y que con cuya caída, junto con los contoneos y el torrente vocal de Sónia Tavares dieron rienda suelta al baile. El ánimo desplegado sobre el escenario se contagió entre muchos de los presentes, que acabaron aclamando los temas más conocidos de su álbum estrella “Explode”.

El único grupo extranjero daba paso al más internacional del cartel: nuestros vecinos Delorean traían el toque más electrónico de la jornada. Presentaron algún tema nuevo de su próximo disco alternado con sus hits de “Ayrton Senna” y “Subiza”. Un éxito siempre asegurado para cerrar una segunda jornada de festival que brilló por la animación popular desde horas tempranas, quizás determinado por el alto nivel general del los grupos que pasaron ese día por La Ciudadela.

Y así llegamos al sábado, tercera y última jornada del Festival Tres Sesenta 2013. Seis grupos tenían que pasar por el escenario antes de echar el cierre a esta segunda edición.

El primero de ellos venía de Burgos y respondía al nombre de Yani Como. No era uno de los grandes nombres del festival, pero ofreció uno de los mejores conciertos del festival a base de pop cristalino y canciones repletas de referencias cinematográficas, con destellos ocasionales de otras bandas como Los Planetas o La Granja.

Yani Como se despidieron deseando una vida llena de felicidad y música al público, y Garamendi ocupó su lugar. Su música con reminiscencias del brit pop tuvieron una buena cogida por parte del público, que se congregaba cada vez en mayor número a la espera del siguiente artista, que no era otro que Iván Ferreiro.

Sin duda, otro de los grandes reclamos del festival. Llevaba tiempo sin visitar Pamplona y el público tenía ganas de volver a verle en directo. Afortunadamente el músico gallego hizo un parón en la grabación de su nuevo disco para acercarse al Tres Sesenta. Resumiendo su actuación en una sola frase: “Veni, vidi, vici”.

Iván fue uno de los grandes triunfadores, no solo de la noche del sábado, sino de todo el festival. Con su hermano Amaro y una banda de auténtico ensueño ofreció canciones de su carrera en solitario (“Extrema pobreza”, “Tristeza”, “Farenheit 451”), e incluso algún avance de su nuevo disco, que como hemos dicho está registrando por estas fechas en Barcelona. Hubo también, por supuesto, rescates de su antigua banda, Los Piratas: “Años 80” o “Promesas que no valen nada” fueron coreadas por todos los asistentes, demostrando que el tiempo no ha hecho más que engrandecer el legado de la banda de Vigo.

Después de Iván llegó Standstill, que fueron los responsables de la apuesta más novedosa y arriesgada del Tres Sesenta. “Cénit” es el nuevo show de los catalanes, un despliegue de imaginería audiovisual con proyecciones que incitan a navegar desde lo medieval a lo místico, y en el que dos baterías transforman a un trovadoresco Enric Montefusco en un vudú festivo. Un proyecto escénico espectacular aunque una dosis espiritual algo excesiva para ansiosos vividores de guerra y anhelantes de Bonaparte.

Tras el conceptual espectáculo de Standstill, tocaba encarar la traca final del festival. Y qué mejor manera de hacerlo que con We are Standard, que con agradecimientos al público y a la organización salían a escena por segundo año consecutivo. Tocar en Pamplona es especial para ellos, pues esta ciudad es casi su segunda casa, algo que se palpa desde el primer minuto en la entrega de la banda y en la acogida del público. Daba igual el tema que interpretasen, desde su primer disco a su reciente “Day”, todos se impregnaron de la misma energía del directo, que dirigida por un incansable Deu consiguió calar y hacer mover los pies hasta al más despistado de la Ciudadela.

Durante toda la actuación de los bilbaínos el público no dejó de bailar, pero todavía quedaban fuerzas (y ganas) para disfrutar del último concierto del Tres Sesenta: Lori Meyers.

Los granadinos son uno de los grupos del momento. Acaban de publicar “Impronta”, un disco lleno de hits que se unen a los muchos que ya tenían en trabajos anteriores. De esa manera, su concierto se convirtió en una sucesión de canciones infalibles. Algunas más antiguas (“Luces de neón”, “Mi realidad”), y otras más recientes (“Planilandia”, “Emborracharme”), pero todas con el inconfundible sello Lori Meyers; ese que combina los sonidos más contemporáneos con la mejor tradición del pop español de los años sesenta y setenta. “Alta fidelidad” fue lo que en tenis se conoce como “bola, juego, set y partido”. La última canción, del último concierto, de la última jornada, del Festival Tres Sesenta 2013.

Un festival que ya ha echado raíces en Pamplona y que esperamos seguir viendo florecer en los próximos años. Confiamos en que así sea y que siga manteniendo el buen criterio que ha exhibido en sus dos primeras ediciones: excelente cartel, muy buena organización, precios razonables y emplazamiento sin igual. Una mezcla que no puede fallar.

 

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