Crónica / Quique González, Pamplona (Zentral, 09/01/2026)

Texto y fotos: Javier Escorzo

Publicado originalmente en Diario de Noticias.

FECHA: 09/01/2025
LUGAR: Zentral
INCIDENCIAS: Muy buena entrada. Concierto de presentación del último disco de Quique González, 1973. Dos horas y cuarto de actuación.

LA ÚLTIMA GENERACIÓN DE COLECCIONISTAS

Comenzaron con Terciopelo azul, el que fue single de presentación de su último álbum. En Pamplona, los cuatro primeros temas del repertorio estuvieron extraídos de 1973, que así es como se llama su más reciente colección de canciones. Piezas como La caja de herramientas, Flashes o Cheques falsos mostraron a un Quique más luminoso que en anteriores entregas. Le ayudó una banda de lo más solvente; en realidad, la misma que le ha acompañado en los últimos tiempos, con Toni Brunet ejerciendo de guitarrista y mano derecha de González. En las teclas, Raúl Bernal. En al bajo, Jacob Reguilón. Y en la batería, Karlos Arancegui (que sustituye a Edu Olmedo).

Para Cheques falsos, Quique se descolgó la guitarra y se sentó frente a un segundo teclado que había colocado junto al de Bernal. La canción comenzó con delicadeza, pero terminó con una exhibición de poderío por parte de sus músicos. Las primeras miradas al retrovisor llegaron con Se estrechan en el corazón y Salitre, uno de sus temas más añejos y recordados, como demostró el público de Zentral, que cantó parte de la letra mientras Quique aplaudía. Siguieron con Caminando en círculos, muy endurecida instrumentalmente, y Miss. Camiseta Mojada, que sonó como un auténtico trallazo, con muchísima garra; Quique la cantó con los ojos cerrados, agarrando con fuerza el micro y retorciendo su cuerpo; la imagen no distaba mucho de la de aquel chaval que, a principios de siglo, se dejaba la vida delante de muy pocas personas en los escenarios de Villava o Artsaia. Han pasado más de dos décadas, pero la intensidad sigue siendo la misma.

Bajaron las revoluciones con Descosiendo un milagro, mucho más acústica y delicada, a dúo con su teclista, Raúl Bernal, que acaba de producir el último disco de 091, según explicó Quique (y que acaba de publicar un magnífico epé titulado Fig. 2, por cierto). El ritmo se aceleró con Coleccionistas, cuyo texto resume mejor que ningún otro el espíritu de su último álbum, el de esas generaciones que ven desaparecer ante sus ojos el mundo analógico en el que crecieron. Después, dedicaron Santos a la memoria de Jorge Martínez (de Ilegales) y Roberto Iniesta, y ofrecieron una magistral versión de Kamikazes enamorados. Mientras, a pie de escenario, una pareja se abrazaba y se besaba mientras sonaba eso de “somos kamikazes enamorados / somos pistoleros de sangre caliente / juégatela un poco, valiente”. La sorpresa llegó en los bises, cuando salió Gorka Urbizu para cantar De verdad lo siento, como también (y tan bien) hace en el disco; sus voces y sus personalidades artísticas empastan a la perfección. La siguiente en el set list era Y los conserjes de noche, pero finalmente no la tocaron (¿quizás se habían pasado ya de hora?). En cualquier caso, fue una despedida inmejorable, con Quique, Gorka y los músicos saludando al público que los ovacionaba. “Seremos la última generación de coleccionistas”, canta en una de sus últimas composiciones. Puede, pero lo disfrutaremos.

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