“Hoy el viento sopla más de lo normal”. Reseña en Deia

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Publicado originalmente en Deia y Diario de Álava. Por Andrés Portero.

 

“Es un grupo de canciones, de estribillos gloriosos y melodías cautivadoras” que no han perdido “ni un ápice de su vigencia”. La frase es del navarro Javier Escorzo, autor de Hoy el viento sopla más de lo normal (Editorial Milenio), un libro centrado en la fructífera vida profesional de Duncan Dhu y de sus dos principales impulsores en solitario, los donostiarras Mikel Erentxun y Diego Vasallo.

Escorzo (Iruñea, 1976), colaborador de Efe Eme y Mondo Sonoro, empezó hace cuatro años a trabajar en el libro de Duncan Dhu, “uno de los grandes grupos del pop rock español”. Dibuja su trayectoria en orden cronológico y desde la óptica del relato periodístico más que del análisis crítico, ya que narra más que disecciona. Y lo hace también huyendo del “libro de fans”, obviando cuestiones personales de los protagonistas, que narran su obra en primera persona con la ayuda de amigos y colaboradores como Alaska, Bunbury, Julián (Siniestro Total), Quique González, Fermín Muguruza, Nacho Vegas o Iván Ferreiro.

El exPiratas se encarga del prólogo, en el que reconoce que Mikel y Diego son “personas claves en mi vida” porque “las canciones son mi motor”. Y de eso sabe bastante Duncan Dhu, que surgió a principios de unos 80 convulsos, tanto en el Estado como en Euskadi, con ETA y la crisis golpeando, y una incipiente recuperación del euskera. Sin tener nada que ver con el Rock Radikal vasco, Mikel, Diego y Juanra Viles dejaron atrás Los Aristogatos y Los Dalton para formar Duncan Dhu, obsesionados por Elvis y tomando prestado el nombre de un libro de Stevenson, el 4 de agosto de 1984, en el Bar Palumbo de Donostia.

Escorzo escarba en aquellos inicios rescatando anécdotas, como que cobraron en croquetas su primer concierto y que les costó apenas unos meses fichar por DRO, el primer sello independiente. El relato cronológico analiza disco a disco su producción, con ayuda de los protagonistas, certeros y autocríticos en sus manifestaciones. Desde el debut, Por tierras escocesas, un mini LP acústico y rockabilly que incluía el clásico Casablanca. “Es una buena ópera prima”, según Juanra, a pesar de “sus imperfecciones”. “Ha aguantado bien el paso del tiempo”, según Diego.

Conviene destacar el relato de su ascenso al estrellato, que se inició con Canciones, el disco de Cien gaviotas, Jardín de rosas, Esos ojos negros, No puedo evitar pensar en ti De aires folk y con ecos de Beatles, Dylan, The Smiths o Pale Fountains, creó bastante fricciones en el trío, ya que músicos ajenos al grupo tocaron el bajo y la batería (les dijeron que ellos no tenían nivel). En un año vendieron más de 200.000 copias y estas se duplicaron con El grito del tiempo, más ecléctico todavía y basado en los recuerdos, la melancolía y el paso del tiempo.

Solo Mikel tocó en él. Ofrece un exceso de producción y arreglos, incluye teclados y “suena mal, ha envejecido fatal” (reconocen) a pesar de contar con En algún lugar o Una calle de París. “Ampulosos y pretenciosos, ya no éramos los Duncan”, según Juanra. En este disco “no somos rock, nos convierten en un grupo de pop”, apunta Diego. “Las semillas de la ruptura ya habían echado raíces”, escribe el autor. “Empezó a entrar dinero y perdimos el rumbo”, reconoce Mikel. Tenían solo 21 y 22 años.

Y el trío se convirtió en dúo con la marcha de Viles. “No nos dejaron tocar en el disco y hubo mal ambiente. Teníamos que habernos plantado. El cisma se creó ahí. Se rompió la magia, y fue desde el exterior, no fue una evolución interna”, según el batería, hoy edil jeltzale en Donostia, que reconoce su ingenuidad por su oposición a la profesionalización y “dedicación absoluta” del grupo, y lo recuerda como algo “traumático”.

Del repaso a la obra de Duncan Dhu destaca la grabación de Autobiografía, su London Calling y “disco blanco”, con temas como Entre salitre y sudor y Rozando la eternidad; la ruptura del “bizarro” Supernova; el exquisito e infravalorado Piedras; o la despedida con Crepúsculo, ya en el siglo XXI, con sus medios tiempos acústicos, arreglos orquestales y de metales, y melodías serenas y maduras. “Priorizábamos nuestras carreras en solitario y pensábamos que Duncan ya no tenía sentido”, explica Diego, que asegura que “podíamos ser un grupo distinto en cada disco”.

El libro, cuyo subtítulo es Mucho más que Duncan Dhu, analiza también profusamente la carrera en solitario de Mikel y Diego, sus virajes estilísticos y vitales, y también su menor proyección comercial, buscada en el caso de Diego, cómodo en su papel de pintor, y la apertura de Mikel hacia terrenos más indies y country-folk. “Lo importante no era tener un hit sino un buen disco”, indica. Y ahí siguen, con Baladas para un autorretrato y Corazones, respectivamente. Con el viento soplando a su favor.

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